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Rev. Arturo Corral Pastor

NUESTRO BUEN PASTOR CUIDA DE TODOS NOSOTROS SIN IMPORTAR NUESTRO ORIGEN, NUESTRO COLOR DE PIEL, NUESTRO ESTADO LEGAL, NUESTRO GÉNERO O NUESTRO CREDO

Primera lectura Hch 4, 8-12, Salmo Responsorial Salmo 117, 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28cd y 29, Segunda lectura 1 Jn 3, 1-2, Evangelio Jn 10, 11-18

Hubo un hombre que se hizo famoso en Carreras, Durango, mi pueblo natal.  El señor se llamaba José María Cháidez.  Este hombre era nativo del pueblo.  José María llegó a ser un personaje muy apreciado por sus paisanos y al mismo tiempo muy temido por los forasteros que llegaban a Carreras.  José María tenía como encargo cuidar el orden en la comunidad.  Él llegó a tomar tan en serio su trabajo que repetía la frase siguiente: “Cuidar el orden en Carreras es sagrado.”  Esta frase le otorgó el título de “El centinela del pueblo’.

Esta era la regla que el aplicaba para mantener el orden: “No permitir que lleguen forasteros al pueblo sin antes investigar claramente las razones de su visita”.  Él estaba convencido de lo siguiente: “Para que haya seguridad y orden, solamente pueden vivir aquí los que han nacido en el pueblo de Carreras. Todo forastero que visita al pueblo puede causarnos problemas fuertes, pues no sabemos su origen, ni su historial.  No conocemos quién es su familia y tampoco conocemos las manías y trucos que traigan consigo”.  Así, pues, toda persona extraña que llegara al pueblo, debía dar cuentas claras al señor José María.  Así los habitantes podían permanecer tranquilos.

Esto que sucedió hace más de 90 años en un pequeño poblado sigue teniendo validez hoy. Cada uno de nosotros desea que se le brinde seguridad y vigilancia.  Incluso, todos nos convertimos en José María. Todo aquel que quiera entrar en contacto con nosotros debe tener buenas intenciones. Cuando alguien me saluda, quiero que sea un saludo sincero. Queremos gente buena, justa y perfecta a nuestro alrededor.

Sin embargo, el evangelio de hoy, nos presenta a Jesús como el Buen Pastor que da lugar a todos y entrega su vida por las ovejas descarriadas.  Él no es un centinela que protege con reglas y solo acepta a unos cuantos. Al contrario, su voz se deja escuchar diciendo: “Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor”. 

En este tiempo de resurrección es bueno que aprendamos a tener los sentimientos del buen pastor, que busca a todo aquel que esta extraviado, que carga las dolencias antes de poner reglas y ofrece la amistad antes de poner condiciones.   

Jesucristo, al quedar solo en la cruz fue el mejor centinela, el Buen Pastor. En la cruz nos cuidó de no caminar como maldecidos y de no vivir como forasteros.  Jesús en la cruz nos hizo buenos.  El ofreció cabida a toda la humanidad.  No fue solo un centinela con buenas intenciones como José María o como nosotros que escogemos solo a quien consideramos con buenas intenciones.  Él nos salvó de vivir fuera de Dios, fuera de su pueblo y de parecer emigrantes sin hogar.  Para Él, la regla no es preguntar: ¿Quién es bueno? ¿Quién es malo?  Él solamente amó y amó en la cruz, por eso cumplió toda la ley para ganar los derechos de ser hijos adoptivos. La resurrección se vive cuando cambiamos nuestros sentimientos de centinelas por los que hoy nos enseña el Buen Pastor.  Por eso dirá Pablo hoy en la segunda lectura: “Miren cuanto amor nos ha tenido el Padre, pues no solo nos llamamos hijos de Dios, sino que los somos”.  Nadie es forastero para Dios.  La resurrección es tiempo de tolerancia y de apertura.

¡Felices Pascuas!

Rev. Arturo Corral, Pastor

 

Rev. Roberto Raygoza, Pastor Asociado

 

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