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Rev. Arturo Corral Pastor

LA COMUNIÓN ES LA PRESENCIA DE DIOS EN NUESTRO CORAZÓN

Primera lectura-1 Reyes 19, 4-8, Salmo Responsorial-Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9, Segunda lectura-Ef 4, 30–5, 2, Evangelio-Jn 6, 41-51

En los cuatro domingos pasados de julio y en estos dos domingos de agosto ¿Cuántas veces ha comulgado usted? ¿Dos, tres o seis veces?  ¿Qué tan frecuente comulga? Muchos se preguntan ¿Para qué comulgar? La respuesta es: para dar rostro a Cristo hoy y siempre en nuestra tierra y formar el verdadero Cuerpo de Cristo. Este rostro de Cristo es tan real que continua fuera del templo y tiene su presencia en cada uno de nosotros cuando caminamos por las calles de Santa Mónica hasta llegar a nuestros hogares para transformarlos en templos de Dios. Con la comunión le damos cuerpo a Cristo en el ir y venir de cada día. Como dirá el evangelista Mateo acerca de la presencia de Jesús: “Sepan que yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo.” Esta frase no es una falsa promesa sino la presencia real de Cristo cuando yo comulgo acepto el plan que Dios tiene para la humanidad. Por eso el que comulga sabe que la vida tiene sabor a paz, a justicia y a perdón. No es que yo sustituya a Cristo, ni yo sea Cristo sino como dice las sagradas escrituras: Somos el Cuerpo de Cristo.  Este Cuerpo de Cristo se da completo primero en Jesús quien caminó por treinta y tres años en esta tierra, luego la eucaristía la cual es un sacramento de su presencia real y en seguida la comunidad de los fieles como presencia real de Cristo actuando en el mundo de hoy.

Decir que nosotros formamos el Cuerpo de Cristo no es una exageración, ni un símbolo, sino una verdad real. No somos una corporación o una compañía, pero sí su Cuerpo; no somos una realidad mística sino física que se hace vida aquí en la tierra con sus riquezas y sus limitaciones cuando, como hijos e hijas de Dios pasamos, cada día de las esclavitudes a la libertad.

Esto nos trae muchas consecuencias para la vida de cada día porque en cada comunión que nosotros recibimos en la mano, esta se convierte en bendición para los que nos necesitan. De igual manera las peticiones que hacemos por la paz, nos convierten en instrumentos de paz donde sea necesaria. Las peticiones que hacemos por la salud del enfermo nos convierten en sanación para el enfermo mismo ya sea a través de una visita, de llevarlo al médico, de imponerle las manos, de cuidar su salud, de apoyarlo económicamente. Tanto es así la importancia de ser el Cuerpo de Cristo que la palabra de Dios permanecería en silencio si no es proclamada en los labios del creyente. Cristo cumple su promesa de estar con nosotros hasta el fin del mundo cuando la eucaristía nos convierte en su comunidad real.

En esencia, Jesús nos dice: Tú no puedes tener una comunión perfecta con el Dios del cielo que es todo amor, que es todo perdón y que es todo entendimiento, si no estás en comunión con tu comunidad la cual no es todo amor, no es todo perdón y no es todo entendimiento aquí en la tierra. Para mí la comunión es un regalo, es gracia, es don, por eso yo vivo agradecido con el don de la vida porque lo que tengo es regalo de Dios.

 

Rev. Arturo Corral, Pastor

Rev. Roberto Raygoza, Pastor Asociado

Rev. Heriberto Serrano, Pastor Asociado

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